En el oficio de un escritor no hay límites. Un día, puede dedicar sus líneas a un país; otro, a hilvanar dramas, evocar épocas e incluso, a recrear épocas más ingenuas. Ana María Deik (Santiago de Chile, 1974) es la viva representación de ello. En su haber destacan Tierra de gracia (2015), Los transeúntes (2019), Cómo crear nuevos hábitos emocionales (2020) y 47 títulos más. No obstante, entretejer relatos para los más pequeños de la casa ha sido el leitmotiv de su recorrido por las letras, que inició cuando apenas tenía 12 años y cristalizó en 2009 con Una nueva vida, para la editorial ZigZag.

“Aquel primer cuento trataba sobre una luna a la que las estrellas le hacían bullying. Al final, las nubes le prestan parte de su piel para que cubra sus cráteres. Luego, escribí un poema para Lenguaje en octavo grado. Tenía 14 años y se titulaba De niña a mujer, inspirado en los cambios que sentía en mi cuerpo y personalidad. Llevo 37 años escribiendo. Los últimos 17 dedicada en cuerpo y alma a ello”, revela.

Pero antes de abrazar su pasión por la creación de historias, Deik estudió en tierra venezolana Publicidad y Cine. “Las dos me ayudaron a construir historias maravillosas, algunas con diálogos, otras con rimas; a potenciar mi creatividad, a crear personajes fantásticos y a imaginarlos como en un guion donde existe la elipsis del tiempo, al igual que en mis cuentos infantiles”.

Por estos días, la escritora –nacida en Chile, pero criada en Venezuela- impulsa su nueva colección Pájaro de fuego, que viene acompañada tanto en su versión impresa como digital con su respectivo audiolibro, cuya voz en off fue grabada por ella misma en Miami, donde vive actualmente.

“Desde pequeña escribía poemas, pensamientos y sentimientos. Durante mi adolescencia me costó entender mi mundo emocional, así que busqué herramientas para salir adelante. Y luego de que nacieron mis hijos, surgieron esas historias que iban sobre bullying, aceptación, miedo, rabia, autoestima, permitirme equivocarme, poner límites y desarrollar la perseverancia. Mezclar personajes fantásticos, lugares mágicos con temas que enfrentan las familias día a día me motivó a compartir mis recuerdos, lo que me contaron y lo que aprendí. Junté todas las piezas y nacieron los cuentos terapéuticos para niños”, expresa.

Consciente del ritmo vertiginoso que define estos tiempos y del proceso de globalización, Deik se animó a prestarle su voz a la entrega sonora.

“Vivimos en un mundo que cambia exponencialmente cada segundo. Un libro digital lo puedo vender a través de Amazon, y si lo compra una persona en Japón, no tiene que esperar a que le llegue el libro. Al comprarlo, lo tiene automáticamente. Y así, puedo llegar a todas partes del mundo. Grabé el audio y el productor musical Moisés Levy le puso efectos y lo musicalizó. Pasamos los archivos al formato Amazon y así las familias pueden tener una experiencia lo más sensorial posible”, refiere.

La autora disfruta la experiencia de ser la narradora de sus propias historias. “Me encanta. Antes de ser escritores somos apasionados de las historias. No importa si están en papel, narradas o en video. Para mí es estar en casa, y es la misma sensación que me gustaría evocar en mis minilectores al escucharlas”.

-¿A quiénes considera sus influencias?
-A Isabel Allende y J.K. Rowling. La primera, porque aparte de ser chilena y haber vivido en Venezuela, la considero valiente, perseverante y decidida. Y a Rowling porque pese a las dificultades a las que se enfrentó nunca se dio por vencida y creyó en sí misma. Inteligente y astuta, materializó sus sueños.

-¿Cuáles metas tiene pendientes en el mundo de las letras?
-Escribir e ilustrar un cuento infantil creado por mí; seguir escribiendo libros de desarrollo personal; terminar Seres secretos, con el escritor chileno de terror Michael Rivera, una saga para niños de 12 años en adelante que tiene que ver con las emociones; y continuar mejorando y creando literatura infantil.

-¿Y sus mayores ambiciones?
-Deseo que mis obras sean traducidas en 33 idiomas para que lleguen a muchos países del mundo y, por supuesto, que puedan tocar el alma de los lectores y que cada uno de mis escritos ayude a que la humanidad sea un poco mejor.

Fuente: El Universal