¿Alguna vez has sentido que entregas tu poder personal? Que está fuera de ti, y las veces que lo recuperas por un momento, es tu momento de gloria.

¿Es un problema o un reto?

Por lo general, en nuestra vida, nuestro poder está fuera de nosotros la mayor parte del tiempo. Parece una locura, pero es tan cierto como que cuando amanece sale el sol.

Les cuento una pequeña historia. Tengo dos hijos adolescentes, y durante la pandemia, el más pequeño, que para ese entonces tenía trece años llevaba toda la semana preparándose para uno de estos campeonatos de Play que lanzaban los Youtubers como locos. Como gran parte del mundo estaba confinada a sus hogares, esta práctica se hizo muy común.

Era un sábado en la mañana, y ya Matías tenía todo listo, incluso los snacks. Se había programado con varios amigos para conectarse al mismo tiempo. Estaba feliz.

Yo me encontraba en mi habitación preparando algunas cosas, porque también durante la pandemia me puse a tomar muchos cursos online y aproveché el tiempo para estudiar y prepararme. En fin…

En la casa reinaba la tranquilidad, no se escuchaba ni una mosca volando. Hasta que de pronto escuché unos gritos, y no tuve ni tiempo de reaccionar porque ya Matías venía corriendo enajenado, empujó la puerta de mi cuarto y se tiró en la cama llorando.

En ese momento le pregunté que qué le había pasado. Me contó que había peleado con su hermano Sebastián (un año mayor que él), y que le había arruinado el día.

Yo lo miré y realmente se sentía destrozado, además, como ya sabemos, durante la pandemia no se podía salir y todos estábamos un poco o bastante más sensibles que en otras circunstancias.

Pensé en calmarlo, en guiarlo con alguna visualización que le hacía cuando se sentía triste o enojado y que lo ayudaba a calmarse, pero ese día, tuve una epifanía. Respiré profundo unas tres veces y le dije.

No, mi amor, Sebastián no te arruinó el día, ¿Sabes por qué?  Él me seguía diciendo que sí, entre enojado y triste, pero yo firme en lo que recién se me había revelado, le dijo.

Sebastián NO te arruinó el día porque él no tiene tu poder. Si tú dices que te está arruinando el día le estás entregando tu poder.

Mira, él está tranquilo haciendo sus cosas mientras tú ya das por sentado que por la pelea que tuvieron te arruinó el día completo, y si tú lo permites te vas a seguir sintiendo así, y vas a tener arruinado el día, pero es porque tu poder lo estás poniendo afuera de ti.

En ese momento tuvo alguna comprensión de lo que le estaba diciendo, asintió con la cabeza y se fue tranquilizando. En 10 minutos había recuperado su poder, y hasta apareció su hermano para abrazarlo, no hicieron falta las palabras.

Cuando estuve sola me senté a llorar. Lloré por todas las millones de veces que había dado mi poder a diferentes situaciones, personas o cosas. Y en ese momento me quise perdonar por todo lo que me hice daño en el pasado permitiendo que mi poder saliera de mi y no tomándolo de vuelta.

Desde ese momento trato de que cada vez que siento que me afecta algo externo: como algo que hace mi pareja o mis hijos, me encuentro con expectativas hacia ciertas circunstancias, o cuando permito que la actitud de alguien tenga una influencia negativa sobre como me siento, pienso, paro un momento, lo hago consiente y retomo mi poder.

Cuando entregamos nuestro poder personal, estamos entregando también la fuerza mental y la energía que necesitamos para ser la mejor versión de nosotras mismas.

Tips para no darle tu poder a nadie

1.     Establece límites sanos

Es fundamental para todos los seres humanos poner límites. No podemos estar escuchando a la hermana que se queja constantemente de lo mismo, que no quiere cambiar su situación porque es adicta al drama. Eso te desgasta y claramente si escuchas todo lo que ella te dice y no te está haciendo sentir bien, le estás dando tu poder. Algunas personas pueden querer tomar tu tiempo y espacio, y si no tienes tus límites claros terminarás haciendo lo que ellas desean.

2.     Ponte en los zapatos del otro

Aunque es importante poner límites sanos, también es fundamental ser empáticos con los demás, ya que ellos no necesariamente están viviendo los mismos procesos que tú. Así que, al momento de poner límites, hay que decir que la verdad estás en un momento de tu vida en el que no quieres escuchar cosas negativas. Recuerdo unos meses en los que mi papá vivió en mi casa y él veía noticias y yo no. Pero yo me enteraba de todo porque cada día me quería contar lo que pasaba, hasta que un día le dije con respeto que por favor no me viniera más con noticias porque no quería escuchar cosas negativas.

3.     Hazte 100 por ciento responsable de tus emociones

Tú eres cien por ciento responsable de cómo te sientes. ¿Es duro no? A mí todavía me cuesta un poco aceptarlo, pero cuando lo reconocemos nos sentimos libres. Cuando dejamos que las emociones se desborden en nosotros le estamos dando nuestro poder a situaciones externas y le echamos la culpa de sentirnos de esa forma. Y te entiendo, hay situaciones como los abusos, muertes, divorcios, y muchísimas más que involucran dolores grandes en nuestras vidas y que necesitamos que vivir el proceso del duelo. Pero luego de eso, si escogemos seguir pegadas al sufrimiento, esa es una elección.

¿No es mejor elegir en ese momento que sí está bien sentir la tristeza, pero no que se desborde en nosotras?

4.     Dejar de controlar a los demás

Cuando buscas controlar a los demás, en lo que deben hacer, cómo se deberían vestir, comportar,

5.     Dejar de buscar validación en las decisiones que tomas.

Cuando estás esperando que otros aprueben y validen tus decisiones, le estás dando tu poder a otros, porque obviamente uno espera aprobación, felicitación o celebración cuando tomamos una decisión o cumplimos una meta, pero no podemos depender de nadie para celebrarlo.

6.     No botes tu energía en la queja o en la crítica.

Cuando te quejas o criticas a otros estás invirtiendo tu energía en ellos, le estás dando espacio en tu vida, en vez de enfocarte en lo que realmente vale la pena: en ti misma.

7.     Fíjate en dónde pones tu foco.

Donde pones tu foco, ahí va tu energía. Si tu foco está la mayor parte del tiempo en tus proyectos, sueños, adentro de ti, te fortaleces y progresas en la vida.

En cambio, si pones tu foco afuera de ti, en situaciones externas que no puedes controlar, en otras personas o cosas, estás perdiendo tu energía.