Yo no lo supe hasta que la pandemia empezó. Y les cuento un secreto: cuando empecé a conocer sobre la herida primaria, la sombra, el trabajo con mi niña interior, las cinco heridas de la infancia y sus máscaras mi vida dio un vuelco.

La herida primaria es la distancia que hay entre lo que legítimamente nos correspondía a lo que realmente nos dieron cuando éramos pequeñas. Mientras más distancia hubo, mayor la herida.

Es fundamental que tengamos en la mente que para nuestros padres o cuidadores fue muy difícil para no decir imposible que nos hubiesen dado lo que no les dieron a ellos. Si ellos no conocieron, por ejemplo, lo que fue el respeto, el amor, el que los escucharan, los validaran, los abrazaran, era muy difícil que ellos lo hubiesen hecho con nosotras.

Cabe destacar, que, en la actualidad, sí hay madres y padres, que estamos más conscientes por la etapa de la humanidad en la que vivimos y que sí estamos haciendo las cosas de forma diferente. También, hoy en día, tenemos las herramientas y la información a la mano para no seguir repitiendo de la misma forma lo que hicieron nuestros padres con nosotros.

Por ejemplo, en mi caso particular, mis papás no quisieron escuchar ciertas cosas que yo necesitaba contarles, como cuando tuve mi primera relación sexual a los 18 años y le quise contar a mi mamá y su respuesta fue: no me vengas a contar tus intimidades.

En ese momento yo necesitaba todo lo contrario, hablar con una persona con la que pudiera confiar, y quién más que mi mamá. Pero a ella nunca sus padres la escucharon y menos sobre esos temas que eran tabú para la época.

Yo sentí mucha rabia durante mucho tiempo, por ese episodio y muchos que siguieron, porque siempre fue así: yo no me sentí validada, escuchada, ni tomada en cuenta.

Entonces cuando nacieron mis dos hijos varones que hoy tienen 15 y 16 años, los quise criar de otra forma. Validando lo que pensaban y sentían, acompañándolos en sus procesos sin controlarlos. Y me sorprendí mucho cuando uno de ellos me dijo un día: mamá, te quiero contar que ya empecé a masturbarme, sólo para que sepas, y que cuando tengo la puerta cerrada es porque estoy “ocupado”.

En ese momento entendí que yo le pude dar la confianza que a mí nunca me dieron.

¿Pero por qué lo pude hacer?

Porque hice consciente esa herida primaria, que es el primer paso para comenzar a sanar.

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Y quédense, que seguiré compartiendo información de valor.

Con amor,

Ana Deik.