¡Hola a todos! Hoy te invito a un viaje valiente y transformador: enfrentar y sanar las heridas de nuestra infancia. Si sientes que hay cosas del pasado que aún te pesan, este mensaje es para ti. Vamos a descubrir juntos cómo liberarnos y vivir con más alegría y plenitud. 

Entendiendo Nuestras Heridas Infantiles. 

Todos guardamos recuerdos de nuestra niñez, y algunos de ellos pueden haber dejado marcas profundas que aún nos afectan. Estas heridas pueden aparecer de muchas maneras: quizás como un miedo a ser rechazados, inseguridades, o problemas en nuestras relaciones. 

¿Cómo Reconocer Estas Heridas? 

Observa tus Patrones: ¿Ves comportamientos o emociones que se repiten en tu vida? Pueden ser señales de heridas que aún necesitan atención.

Escucha a tu Cuerpo: Nuestro cuerpo a menudo guarda emociones que no queremos enfrentar. ¿Sientes tensión al recordar ciertos momentos de tu niñez? 

Mira tus Relaciones: Las heridas de la infancia suelen reflejarse en cómo interactuamos con los demás. 

Pasos Hacia la Sanación. 

Acepta y Reconoce: Admitir que estas heridas existen es el primer y más valiente paso. 

Busca Apoyo: No estás solo. La terapia, los grupos de apoyo o las charlas con amigos pueden ser muy valiosos. 

Conecta con tu Niño Interior: Tómate un tiempo para pensar en tu infancia. ¿Qué palabras de cariño le darías a ese niño que fuiste? 

Exprésate: Utiliza la creatividad para liberar y entender tus sentimientos. Puede ser escribir, pintar, bailar… lo que te haga sentir bien. 

Cuida de Ti Mismo: Sanar también significa cuidarte en el presente. Mima tu cuerpo, mente y alma. 

Establece Límites: Aprender a decir «no» y poner límites es vital para tu bienestar emocional. 

Conclusión: Un Camino Hacia la Felicidad. 

Sanar las heridas de la infancia es un camino largo y lleno de altibajos, pero cada paso es un avance hacia la libertad emocional. Recuerda que mereces una vida llena de amor, felicidad y paz. Este viaje de sanación es un acto de amor hacia ti mismo. Aquí estaré, apoyándote en cada paso de este camino.

Con amor,

Ana María Deik.