En un mundo donde constantemente buscamos la aprobación y validación de los demás, es fácil caer en la trampa de las expectativas elevadas, especialmente en nuestras relaciones más cercanas: pareja, hijos, padres y amigos. Como coach de vida, he observado cómo la gestión de estas expectativas no solo afecta nuestra paz interior, sino que también juega un rol crucial en cómo interactuamos y construimos nuestras relaciones. 

Expectativas y Responsabilidad Emocional. 

Primero, es esencial entender que nuestras expectativas son, en gran medida, construcciones de nuestras propias experiencias, creencias y deseos. Cuando esperamos que nuestra pareja, hijos, padres o amigos actúen de cierta manera, estamos proyectando nuestras necesidades y deseos en ellos. Sin embargo, esto puede llevar a la decepción y al resentimiento cuando estas expectativas no se cumplen. 

El desafío, entonces, radica en reconocer que la responsabilidad de nuestra felicidad y satisfacción emocional reside en nosotros mismos, no en los demás. Al depositar esa responsabilidad en alguien más, perdemos nuestro poder personal y nos volvemos dependientes de las acciones y reacciones de otros para sentirnos completos. 

La Importancia de Reducir Expectativas. 

Reducir nuestras expectativas no significa adoptar una actitud negativa o resignada ante la vida. Más bien, es un ejercicio de realismo y autoconocimiento. Al disminuir las expectativas, nos liberamos del peso de la dependencia emocional y abrimos espacio para aceptar y valorar a los demás tal como son, no como quisiéramos que fueran. 

Esta aceptación nos lleva a una relación más saludable con nosotros mismos y con los demás. Reconocer que cada persona es un individuo con sus propios pensamientos, sentimientos y comportamientos, nos ayuda a construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la comprensión. 

Nadie Posee la Verdad Absoluta. 

Es fundamental recordar que cada persona ve el mundo a través de su propia lente, moldeada por experiencias y circunstancias únicas. Esto significa que nadie posee la «verdad absoluta» sobre cómo deben ser las cosas. Al aceptar esta diversidad de perspectivas, fomentamos un entorno donde la empatía y la tolerancia florecen. 

En resumen, bajar nuestras expectativas en las relaciones es un paso crucial hacia una vida emocionalmente saludable. Nos permite establecer límites sanos, tomar responsabilidad de nuestro bienestar emocional y valorar a las personas en nuestras vidas por quienes realmente son. Como coach de vida, animo a todos a embarcarse en este viaje de autodescubrimiento y crecimiento, recordando siempre que en la simplicidad de aceptar y ser aceptados, reside la verdadera esencia de las relaciones humanas.

Con amor,

Ana María Deik.